Anna Taulés me ha pedido que participe en su diario de cuarentena. He hecho rápido un pequeño cómic sobre un día bastante aburrido de mi confinamiento. Aquí lo tenéis.
domingo, 5 de abril de 2020
miércoles, 24 de enero de 2018
jueves, 30 de noviembre de 2017
Fanzines de Jesco
He escaneado y subido todos los fanzines que hice entre 1996 y 2003: mi fanzine personal Como el sol cuando amanece, y el que hice con Toni López, No New York.
Puedes leerlos aquí: http://jirizartocalabateria.com/fanzines/
Puedes leerlos aquí: http://jirizartocalabateria.com/fanzines/
lunes, 27 de mayo de 2013
QUÉ SUERTE #Carne
He participado en varios números del fanzine QUÉ SUERTE. Olaf está subiendo ahora algunos a internet. Por ejemplo, aquí está el número "Carne":
http://www.issuu.com/cefolaf/docs/qs-carne
Mi colaboración está en la página 31!
http://www.issuu.com/cefolaf/docs/qs-carne
Mi colaboración está en la página 31!
martes, 16 de abril de 2013
viernes, 5 de abril de 2013
lunes, 18 de febrero de 2013
Ogni suono e rumore
Gif animado que hice hace muchísimo tiempo, basado en un fanzine que iba acompañando a una demo del grupo Bleupeche. Aquí un esquema del trayecto:
sábado, 14 de abril de 2012
viernes, 10 de diciembre de 2010
Green light
martes, 28 de septiembre de 2010
El magnífico baile del mamut
Cuento de Benjamin Palmer que acabo de ilustrar y traducir al castellano. Podéis leer la versión original en inglés en su magnífico blog.
Los mamuts peludos bailaban su danza de la primavera al son de la música que llegaba del órgano cósmico. Sus cuidadosos movimientos estaban controlados con una gracia extraordinaria. Aun así, a pesar de la delicadeza de sus pasos, los temblores producidos por los mamuts estaban provocando que miles de lombrices de tierra se arrastraran hasta la superficie, huyendo del gran topo que temían las estaba persiguiendo.
Cuando las lombrices tuvieron a la vista a los mamuts, con sus saltos y piruetas enormes ante ellas, aun se aterraron más que cuando se imaginaban el tamaño del topo que pensaban que iba a comérselas. Pero cuando llegaron las lombrices más viejas y experimentadas (las que ya habían adquirido el hábito de llegar siempre un poco más tarde que las demás para evitar posibles pájaros aviesos que merodearan por allí) en seguida calmaron a sus jóvenes y nerviosas compañeras.
“¡No temáis!”, les dijeron. “¡Es el Magnífico Baile del Mamut! No hay que preocuparse. De hecho, es todo un espectáculo. Tenemos mucha suerte de estar aquí hoy. Tan sólo no les quitéis los ojos de encima a esos mirlos que observan desde allí”.
Así que las lombrices se quedaron a mirar, balanceándose con la música y sonriendo maravilladas del espectáculo. En realidad no tenían nada que temer de los mirlos, que quizás a primera vista parecían estar al acecho, pero que en realidad también estaban observando el baile del mamut, tan hechizados como sus anteriores presas.
Y eso era lo extraordinario del Magnífico Baile del Mamut. Era el único instante en la naturaleza en el que todas las criaturas del mundo dejaban de hacer aquello que las ocupaba, dejaban su instinto en suspenso por un momento y simplemente disfrutaban de una gran obra de teatro musical. ¿Era arte? ¿Era sólo entretenimiento? ¿Qué importa? Era el espectáculo más grande del mundo.
Aun así, había un animal que nunca mostró mucho interés por la función de los mamuts peludos, y ese animal era el hombre. Porque, en ese momento de la historia, mientras el resto del mundo estaba cautivado por el Magnífico Baile del Mamut, el hombre se pasaba todo el día mirando su reflejo en lagos y ríos e intentando dilucidar si realmente era tan bello como sospechaba. Realmente lo era, decidía una y otra vez. Pero la satisfacción que obtenía de esta conclusión nunca permanecía mucho tiempo y siempre necesitaba echar otra ojeada, para estar seguro.
Entonces, un día, de repente y sin previo aviso, los mamuts desaparecieron de la faz de la tierra. Nadie sabía adónde habían ido, pero cada animal tenía su teoría al respecto. Las lombrices decían que, obviamente, los mamuts se habían cansado de vivir en la fría e inhóspita coraza de la tierra y usaron sus trompas (que, como indicaron las lombrices, eran herramientas ideales para perforar) para cavar hasta el centro del planeta donde se estaba seguro y caliente, y donde finalmente podrían quitarse esos abrigos de lana raídos que habían estado llevando desde hacía tanto tiempo.
Los mirlos pensaban que eso era absurdo, y que era mucho más probable que por fin los mamuts hubieran perfeccionado el arte de volar (una hazaña, mantenían los pájaros, para la que los mamuts habían estado entrenándose con cada grand jeté y cada sissone que habían estado ejecutando) y hubieran migrado hacia el Sol, donde se estaba seguro y caliente y donde finalmente podrían quitarse esos abrigos de lana raídos que habían estado llevando desde hacía tanto tiempo.
Fuera cual fuere la verdad, una cosa con la que casi todos los animales estaban de acuerdo era que estaban muy tristes de no poder ver bailar a los mamuts nunca más. Una vez más, la única excepción era el hombre. Decía que no le importaba en absoluto. De hecho, aseguraba, lo único que había notado de los mamuts mientras estaban allí era su "horrorosa peste". Y eso, aclaraba a todo aquel que preguntaba, era algo de lo que definitivamente se podía prencindir.
Sin embargo, a pesar de esas duras palabras, el hombre sí que empezó a sentirse triste después de la partida de los mamuts, y su tristeza creció y creció con los años, sin entender el porqué. Lo cierto es que nunca relacionó el inicio de esa pena con la desaparición de la tierra de los mamuts peludos.
En cambio, los animales tenían una teoría, y esta vez todos coincidían, lombrices y pájaros. El hombre estaba triste, se susurraban unos a otros, más triste de lo que ellos estarían nunca (inconsolable, de hecho) porque no había visto el Magnífico Baile del Mamut mientras tuvo la oportunidad. Y ahora ya nunca podría.
Los mamuts peludos bailaban su danza de la primavera al son de la música que llegaba del órgano cósmico. Sus cuidadosos movimientos estaban controlados con una gracia extraordinaria. Aun así, a pesar de la delicadeza de sus pasos, los temblores producidos por los mamuts estaban provocando que miles de lombrices de tierra se arrastraran hasta la superficie, huyendo del gran topo que temían las estaba persiguiendo.
Cuando las lombrices tuvieron a la vista a los mamuts, con sus saltos y piruetas enormes ante ellas, aun se aterraron más que cuando se imaginaban el tamaño del topo que pensaban que iba a comérselas. Pero cuando llegaron las lombrices más viejas y experimentadas (las que ya habían adquirido el hábito de llegar siempre un poco más tarde que las demás para evitar posibles pájaros aviesos que merodearan por allí) en seguida calmaron a sus jóvenes y nerviosas compañeras.
“¡No temáis!”, les dijeron. “¡Es el Magnífico Baile del Mamut! No hay que preocuparse. De hecho, es todo un espectáculo. Tenemos mucha suerte de estar aquí hoy. Tan sólo no les quitéis los ojos de encima a esos mirlos que observan desde allí”.Así que las lombrices se quedaron a mirar, balanceándose con la música y sonriendo maravilladas del espectáculo. En realidad no tenían nada que temer de los mirlos, que quizás a primera vista parecían estar al acecho, pero que en realidad también estaban observando el baile del mamut, tan hechizados como sus anteriores presas.
Y eso era lo extraordinario del Magnífico Baile del Mamut. Era el único instante en la naturaleza en el que todas las criaturas del mundo dejaban de hacer aquello que las ocupaba, dejaban su instinto en suspenso por un momento y simplemente disfrutaban de una gran obra de teatro musical. ¿Era arte? ¿Era sólo entretenimiento? ¿Qué importa? Era el espectáculo más grande del mundo.
Aun así, había un animal que nunca mostró mucho interés por la función de los mamuts peludos, y ese animal era el hombre. Porque, en ese momento de la historia, mientras el resto del mundo estaba cautivado por el Magnífico Baile del Mamut, el hombre se pasaba todo el día mirando su reflejo en lagos y ríos e intentando dilucidar si realmente era tan bello como sospechaba. Realmente lo era, decidía una y otra vez. Pero la satisfacción que obtenía de esta conclusión nunca permanecía mucho tiempo y siempre necesitaba echar otra ojeada, para estar seguro.
Entonces, un día, de repente y sin previo aviso, los mamuts desaparecieron de la faz de la tierra. Nadie sabía adónde habían ido, pero cada animal tenía su teoría al respecto. Las lombrices decían que, obviamente, los mamuts se habían cansado de vivir en la fría e inhóspita coraza de la tierra y usaron sus trompas (que, como indicaron las lombrices, eran herramientas ideales para perforar) para cavar hasta el centro del planeta donde se estaba seguro y caliente, y donde finalmente podrían quitarse esos abrigos de lana raídos que habían estado llevando desde hacía tanto tiempo.
Los mirlos pensaban que eso era absurdo, y que era mucho más probable que por fin los mamuts hubieran perfeccionado el arte de volar (una hazaña, mantenían los pájaros, para la que los mamuts habían estado entrenándose con cada grand jeté y cada sissone que habían estado ejecutando) y hubieran migrado hacia el Sol, donde se estaba seguro y caliente y donde finalmente podrían quitarse esos abrigos de lana raídos que habían estado llevando desde hacía tanto tiempo.
Fuera cual fuere la verdad, una cosa con la que casi todos los animales estaban de acuerdo era que estaban muy tristes de no poder ver bailar a los mamuts nunca más. Una vez más, la única excepción era el hombre. Decía que no le importaba en absoluto. De hecho, aseguraba, lo único que había notado de los mamuts mientras estaban allí era su "horrorosa peste". Y eso, aclaraba a todo aquel que preguntaba, era algo de lo que definitivamente se podía prencindir.Sin embargo, a pesar de esas duras palabras, el hombre sí que empezó a sentirse triste después de la partida de los mamuts, y su tristeza creció y creció con los años, sin entender el porqué. Lo cierto es que nunca relacionó el inicio de esa pena con la desaparición de la tierra de los mamuts peludos.
En cambio, los animales tenían una teoría, y esta vez todos coincidían, lombrices y pájaros. El hombre estaba triste, se susurraban unos a otros, más triste de lo que ellos estarían nunca (inconsolable, de hecho) porque no había visto el Magnífico Baile del Mamut mientras tuvo la oportunidad. Y ahora ya nunca podría.
lunes, 27 de septiembre de 2010
La pirámide de El Triángulo Suena
domingo, 29 de agosto de 2010
lunes, 14 de junio de 2010
Intentos de suicidio
Mi participación en el fanzine Colibrí nº1, recién publicado por Sergi Puyol, aunque mis páginas fueron dibujadas hace muchos años. Firmo como Jesco, que era mi pseudónimo de dibujante y que ahora ya casi no uso.
lunes, 7 de junio de 2010
domingo, 23 de mayo de 2010
martes, 4 de mayo de 2010
lunes, 12 de abril de 2010
Uni and her ukelele
Cartel del concierto de Uni and her Ukelele y Aias del año pasado. Pronto postearé carteles aun más antiguos.
jueves, 1 de abril de 2010
Búho
Cartel para un concierto de Be Brave Benjamin en Madrid. El búho está copiado del que hay en la Diagonal con Passeig Sant Joan en Barcelona:
domingo, 14 de febrero de 2010
jueves, 22 de octubre de 2009
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